El recetario
Todo cuelga de aquí. Una receta mal medida no se arregla más adelante: se propaga a cada plato, a cada menú y a cada orden de compra, y para cuando el número se ve raro ya nadie sabe de dónde salió.
- Cada insumo en la unidad en que se trabaja
- El gramo y el kilo son el mismo eje; la taza, la cucharada y el litro también. Y para lo que no cabe en ninguna tabla —un diente, un manojo, una rama, un puño— el insumo lleva su propio factor, que se captura ahí mismo sin salir de la receta.
- Una lista que se acorta sola
- Cuando todas las unidades hablan el mismo idioma, las líneas repetidas se juntan. El ajo que aparecía en quince recetas deja de ser quince renglones sueltos y pasa a ser una sola cifra que sí se puede cotizar.