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Recetario, costeo y compras

La cocina que sirve todos los días necesita saber qué puede cocinar hoy

No cuánto costó el mes pasado: qué se puede poner en el menú de mañana con lo que hay en la bodega, cuánto cuesta cada plato de verdad —con merma— y qué falta comprar. Todo sale del mismo recetario, capturado una sola vez.

Qué lo hace distinto

El problema no es registrar recetas. Es que cuadren.

Cualquiera guarda una receta. Lo difícil es que el ajo que entra por manojo, se cocina por diente y se compra por kilo sea el mismo ajo en las tres pantallas — y que el número que sale al final se pueda defender frente a un proveedor.

Las unidades se hablan entre sí

El ajo entra por manojo, la receta lo pide por diente y el proveedor lo cotiza por kilo. Alimentos lleva las tres a una misma base, con factores propios de cada insumo cuando el estándar no alcanza. Recién entonces las quince recetas que usan ajo se suman en una sola cifra.

El costo va anclado a su unidad

Costear un litro contra un precio por taza da cifras absurdas que igual se ven convincentes en una hoja. Aquí cada línea guarda la unidad en que se midió, y si la conversión no existe el sistema lo dice en vez de inventarla.

Nunca un verde falso

Una receta está lista, le falta algo, o no hay dato de inventario para saberlo — y esa tercera es una respuesta, no un hueco. Un tablero que da por disponible lo que nadie contó es peor que no tener tablero.